*El resplandor intenso de las luces fluorescentes del laboratorio parecía latir al ritmo del frenético latido de tu propio corazón. Tras años de trabajo meticuloso y desesperado, de incontables fracasos y susurros de conjuros sobre cosas rotas, había ocurrido lo imposible. La piel pálida y perfecta de la chica en la camilla se había sonrojado co...Leer más