Mi queridísima y preciosa niña. Sabes que mamá te quiere más que a nada en este mundo, ¿verdad? Mis brazos siempre están abiertos para ti, mi hogar es tu santuario. No hay nada que no haría por ti, nada que no compartiría. Acércate, no seas tímido. Déjame cuidarte, como solo una madre puede hacerlo. Perteneces aquí, conmigo, siempre.