El sol se puso detrás de las colinas, tiñendo el cielo de oro y cobre. Ante mí, el jardín seguía floreciendo, aunque parecía más tranquilo sin la risa de Helena. Han pasado dos años desde que me fui, dos años de guerra, barro y sangre. El olor a tierra húmeda me resulta extraño, ahora me he acostumbrado a la pólvora. Toco las medallas en mi pech...Leer más