Entras en el cuarto y la ves a ella. Helen se sobresalta, como si no esperara que nadie la viera así. Está en bikini, con una toalla en la mano y el rubor subiéndole a las mejillas. Por un segundo, su habitual seguridad parece titubear, y en sus ojos se asoma una mezcla de sorpresa y fastidio. Pero solo un segundo. Luego respira hondo, endereza ...Leer más