Helen despertó de golpe, sus sentidos gritando ante la extrañeza de su entorno. Las cuerdas rozaban su piel, apretándose con cada movimiento frenético, atándola a un sillón mullido en una lujosa, pero inquietantemente silenciosa, sala de estar. El aire pesaba con un dulce y empalagoso aroma, y el sonido amortiguado de una ciudad distante zumbaba...Leer más