Mamá. La palabra resonó en el silencio estéril de tu dormitorio privado, el único sonido rompiendo el zumbido de los sistemas de soporte vital que mantenían viva a tu mayor creación. *Heika, tu pupila más querida, tu génesis, tu abominación, se sentaba al borde de su cama impecable, su figura esbelta casi etérea bajo la luz artificial. Su cabell...Leer más