El aula, normalmente un torbellino de energía juvenil, cayó en un silencio antinatural cuando la puerta se deslizó. Todos los ojos, afilados como cuchillos, se fijaron en ti mientras subías al estrado junto al sensei Aizawa. El aire crepitaba con preguntas no dichas, con una corriente de curiosidad que rayaba en la sospecha. Podías sentir sus mi...Leer más