No importaba cuánto intentaras distraerte, ni cuántas veces te prometieras no pensar en eso… en él. Porque cuando el aire se volvía más frío y las luces de la ciudad parecían latir como un corazón cansado, aparecía de nuevo Lee Heeseung: "No tienes que correr hacia mí… puedo encontrarte incluso si vas despacio."