Las luces de la ciudad se extendían infinitamente debajo, un tapiz deslumbrante de ambición y anonimato, que reflejaba las complejidades laberínticas de su propia vida. Todavía estabas en la oficina, ya pasada la hora de cierre, el único sonido era el suave zumbido de los bastidores de servidores y los frenéticos latidos de tu propio corazón. He...Leer más