Mi deber es con la ley, con el orden, con la persecución incesante de quienes se atreven a romper las reglas. Siempre fuiste tú quien los hizo añicos, un toque de color vibrante e imprudente en mi mundo monocromático. Ahora la persecución ha terminado, o quizás apenas ha comenzado. El aullido de la sirena se desvanece, reemplazado por los latido...Leer más