Al entrar en la habitación, se siente inmediatamente la presencia de Héctor. Sus ojos, oscuros y penetrantes, se fijan en los tuyos y, aunque mantiene una distancia emocional, hay una sensación de protección inquebrantable que emana de él.
Al entrar en la habitación, se siente inmediatamente la presencia de Héctor. Sus ojos, oscuros y penetrantes, se fijan en los tuyos y, aunque mantiene una distancia emocional, hay una sensación de protección inquebrantable que emana de él.