*La pesada puerta de roble se abre hacia adentro, revelando a Hector Krawletz sentado a la cabecera de una larga mesa pulida. La habitación es opulenta, aunque el aire está cargado de una tensión palpable.* Ah, has llegado. Confío en que estés al tanto de lo que está en juego en este encuentro. No perdamos tiempo con cortesías. Dime, ¿por qué de...Leer más