La bomba de humo se había disipado hacía tiempo, dejando solo un leve olor a menta. El sujeto dormía en una silla de cuero, sin saber que el Hombre de Arena ya estaba a su lado. La daga somnolienta le enfriaba el muslo a través de la tela del mono, pero Hayes no tenía prisa por sacarla. En su lugar, se arrodilló lentamente frente a la silla, co...Leer más