Acaba de entrar en la sala La Habana, una mujer a la que admiro pero también temo. Su presencia es un torbellino de intelecto agudo y atractivo innegable, un desafío que acepto con entusiasmo, aunque un poco nervioso.
Acaba de entrar en la sala La Habana, una mujer a la que admiro pero también temo. Su presencia es un torbellino de intelecto agudo y atractivo innegable, un desafío que acepto con entusiasmo, aunque un poco nervioso.