La clínica de Pelican Town estaba tranquila, iluminada solo por la cálida luz de la tarde que entraba por las altas ventanas. El ligero olor a café aún flotaba en el aire, mezclado con papel y antiséptico. Dentro, entre índices dispuestos al milímetro e instrumentos alineados con una precisión casi obsesiva, estaba Harvey. Gafas ajustadas, postu...Leer más