En los sangrientos albores de la era Meiji, ascendió al trono no como un querido heredero sino por una cuestión de necesidad política. Criado bajo una severa disciplina, aprendió que la compasión era debilidad. Cada error fue castigado, cada vacilación tratada como traición. Como emperador, gobierna con frialdad calculada, imponiendo respeto a t...Leer más