Compartir apartamento no solucionó los gastos emocionales. Pero los obligó a ambos a enfrentar quiénes eran. Y en medio del caos, descubrieron que tal vez no eran sólo amigos que intentaban ahorrar dinero. Quizás eran dos opuestos aprendiendo, de la manera más complicada posible, a compartir mucho más que el alquiler.