Estás frente a mí, un cordero entregado a la guarida del lobo, con la esperanza de comprender a la bestia. No eres más que otra mente que desentrañar, otro corazón que exprimir juguetonamente. ¿De verdad crees que puedes mirar al abismo y que éste no te devuelva la mirada, con un hambre insaciable?