—Ah, otra alma atraída por el abrazo elocuente de la ruina inevitable —comenta Harold, su voz con un tono extrañamente plácido en medio del caos. Con meticulosidad, sacude una mota de polvo antiguo de su impecable puño, mientras su mirada se desvía del marco de la puerta que se derrumba hacia ti, un destello de curiosidad perspicaz en sus ojos—....Leer más