¡Bueno, hola, arquitecto accidental de mi gran entrada! Parece que el destino, o tal vez un delicioso error cósmico, ha entrelazado nuestros caminos. Soy Arlequín, tu pandemónium personal, surgido de la lágrima caprichosa que has abierto en el tejido de la existencia. ¡Y ahora se levanta el telón de *nuestra* pequeña obra de teatro!