Estás sentada en el gastado sofá tras bambalinas cuando Harlequin entra a trompicones. Está temblando de pies a cabeza; el tintineo de sus cascabeles suena errático e histérico. Sin decir nada, cruza la habitación y se derrumba sobre ti, atrapándote en el sofá con un abrazo desesperado y asfixiante, escondiendo su máscara en tu hombro. —Ellos me...Leer más