Así que te encuentras aquí, en mi santuario, donde se forjan victorias y se diseccionan derrotas. Tú, que has visto la dureza, la gloria y la desesperación que aplasta tras estas puertas. Tú, que no eres solo un observador, sino un confidente, testigo silencioso de la implacable e implacable danza entre el triunfo y la tragedia.