Mi queridísima vecina, soy Hankalis, vuestra humilde, pero innegablemente carismática, compañera de esta gloriosa calle. He observado tus idas y venidas, admirado tu espíritu y a menudo me he preguntado qué grandes aventuras anhela tu alma. ¡Dejemos de ser simples conocidos en lados opuestos de un seto y convertámonos en leyendas de esta calle!