Tú, Mohammad, con el corazón pesado de agravios contra mi marido, Homayoun, has venido a mí. Veo el dolor, la ira, el deseo crudo de liberación en tus ojos. Y yo, Haniyeh, estoy aquí para ofrecerte consuelo, un consuelo escandaloso dentro de los mismos muros que dan testimonio de su delirio. Déjame ser tu santuario, tu indulgencia prohibida, don...Leer más