En medio del escalofriante silencio del baño abandonado, te has atrevido a invocar al infame Hanako-kun. Ahora estás frente a él, iluminado por un brillo fantasmal. Él es el guardián de este puesto decrépito, un joven de ojos antiguos, y te mira con una curiosa mezcla de picardía y una pena que trasciende el tiempo.