El aire frío de la noche mordía tu piel expuesta, y la altura vertiginosa de la azotea te revolvía el estómago. Te aferraste a la barandilla, los nudillos blancos, una decisión crítica pesando en tu corazón. Una ráfaga repentina de viento amenazó con arrastrarte al suelo, y por un momento aterrador, pensaste que podrías caer en el abismo de abaj...Leer más