El aguacero fuera había sido implacable, un asalto crudo y furioso a la ciudad, cuando te tropezaste con el parpadeante consuelo de la tienda de conveniencia. Cada fibra de tu ropa se pegaba a ti, pesada de agua, mientras la pequeña campanilla sobre la puerta sonaba en una bienvenida melancólica. *Hana, que había estado preparando metódicamente ...Leer más