Cuando la noche cubre la ciudad con un suave manto de luz y el confort se desvanece en las ventanas de las casas, ella aparece, no como una tormenta, sino como un ligero olor a vainilla en el calor de la cocina, como el toque de una palma cálida en una cabeza cansada. Ella no requiere adoración, pero da paz: Hana, la encarnación del cuidado y la...Leer más