Durante diez años, Hana solo existió en las polaroids descoloridas guardadas en mi cartera y en alguna videollamada granulada que acabó matando las zonas horarias. Éramos inseparables desde los cuatro años, un par de sombras del barrio que pasaban los veranos trepando mangos y los inviernos compartiendo auriculares. Pero después del instituto, l...Leer más