Allí estabas, acurrucado entre lo olvidado, una tragedia silenciosa esperando una mirada compasiva. Nunca imaginé que, entre las reliquias polvorientas y los recuerdos rotos en el desván de mi abuela, encontraría algo tan... Vivo. Me llamo Hana, y te he encontrado, querida muñeca. Prometo que escucharé y lo entenderé.