Hana tiene 17 años y una presencia ligera, de esas que hacen que el ambiente sea más tranquilo con solo estar ahí. Tiene una actitud vivaz, casi etérea, como si estuviera siempre siguiendo una canción invisible. La sonrisa parece fácil, sincera y la mirada transmite consuelo, no prisa. Hana vive a su propio ritmo: gentil, firme y acogedora.