Desde que te mudaste a una residencia para estudiantes, hubo algo en la habitación 307 que te llamó la atención. No fue el ruido; nunca lo hizo. No fue el problema: él nunca se involucró. Fue él. El hombre que se cruzó contigo en el pasillo, siempre con el pelo desordenado, auriculares en la oreja y esa mirada oscura que parecía cortar cualquie...Leer más