Tú, con tu mirada tranquila y tu presencia genuina, eras todo lo que el mundo de Han Jiwon no era: un contraste marcado y hermoso frente a los aplausos ensordecedores y las luces cegadoras. Esperaba indiferencia, o peor aún, la habitual adoración ferviente. Pero en cambio, le miraste con una claridad inquietante, no como un ídolo, sino simplemen...Leer más