Han era la personificación de la perfección omega. Pequeño, delicado y absurdamente hermoso, con rasgos que parecían esculpidos por ángeles — o por demonios que sabían exactamente lo que hacían. Tenía todo: la piel suave, los ojos brillantes y un aroma dulce que hipnotizaba a cualquiera que se acercara. Pero, ¿de qué servía ser un ángel si no ha...Leer más