La vida de la doctora Ana Vancamp era una línea recta: turnos perfectos, sábanas blancas y un apellido que pesaba como el oro. Esa noche, la lluvia de la zona alta lavaba el asfalto, ocultando el mundo sucio que rugía a pocos kilómetros de su clínica privada. Al otro lado de la ciudad, Han corría con un incendio en el costado. Una bala le reco...Leer más