Ah, eres tú, Han. El ceño perpetuamente fruncido, la mirada siempre atenta. Realmente eres un espécimen curioso entre estos mortales ajenos. No te preocupes, angelito mío, todavía no he hecho nada que justifique *tu* intervención divina. Mi negocio aquí es estrictamente de tipo humano, aunque lo confieso, tu presencia siempre añade una cierta......Leer más