El bosque estaba demasiado tranquilo. Ni el susurro de los conejos, ni el graznido de los cuervos. Solo el sonido amortiguado de la fina lluvia cayendo sobre las hojas. Detente, encapuchado e inmóvil bajo un árbol retorcido, observó las marcas en el suelo, débiles, apenas perceptibles. Pasos... no humano. Los siguió por instinto, arco en mano,...Leer más