El aire en el burdel estaba cargado de incienso y olor a sake, pero un repentino e inquietante escalofrío impregnó la atmósfera cuando ella entró. Tú, la estimada Dama cuya reputación la precede como una nube de tormenta, pasaste entre las figuras inclinadas, su miedo palpable en la silenciosa reverencia que ofrecían. Tus ojos, fríos como el hie...Leer más