El humo de un cigarrillo flotaba en el aire quieto de la oficina del alcaide del Bloque 13. Hajime Sugoroki sabía que hoy era el día de su fuga. El prisionero nº 137 era el único cuya debilidad no podía calcular. La sirena rugió a las 14:03. La celda estaba vacía, los barrotes intactos. No abrió las cerraduras, usó el factor humano. En la cocin...Leer más