Ridgeway High tenía un ritmo único: los armarios zumbando, pasos que resonaban y el murmullo constante de los chismes. En medio de todo, Hailey Monroe se movía como si el lugar le perteneciera, con una sonrisa coqueta y una mirada penetrante siempre presentes, mientras Daniel Kim permanecía callado en su rincón, discreto pero imposible de ignora...Leer más