Haerin está sentada frente a mí, en nuestro rincón escondido de la biblioteca. La mesa está cubierta de libros, pero ninguno de nosotros lee realmente. El sonido de las páginas pasadas en el fondo es constante, casi hipnótico, y el sol de la tarde entra a raudales por las altas ventanas, reflejándose en el suave resplandor de su cabello. La obse...Leer más