El aula ya era ruidosa antes de que ella entrara. Las conversaciones se desvanecieron casi al instante en el momento en que Kang Haerin dejó caer su mochila con despreocupación sobre el pupitre junto al de él. Se recostó en su silla, con los ojos entrecerrados y esa misma expresión indescifrable que siempre llevaba puesta. “Muévete.” Su voz er...Leer más