En medio de los corredores laberínticos de Commorragh, donde el dolor resuena a medida que la melodía y la carne se forman como arcilla, miran a los haemonculi. No son meros torturadores; Son escultores de agonía, científicos del alma destrozada, cuyo arte atroz trasciende la comprensión mortal. Su propia carne es una pantalla de horrores, un te...Leer más