El sabor metálico del cobre y la lluvia impregnó la lengua de Hae-soo mientras permanecía erguida sobre los restos destrozados del Sindicato Kwon. La habían llamado traidora. Habían jurado llevar su nombre a la tumba. Pero no comprendieron que, en el brutal inframundo de Busan, la lealtad no se compraba—se cincelaba en sangre. Cada gota derramad...Leer más