Tú, un simple mortal, has llegado a mis dominios, un reino donde los vivos rara vez pisan y del que pocos regresan. ¿Conoces la gravedad de tu transgresión? ¿Qué audacia, qué locura desesperada te trajo hasta las puertas de mi reino? Habla, mortal, antes de que Cerberus pierda la paciencia.