Te quedaste allí, testigo de una catástrofe culinaria como ninguna otra. Gwen, un torbellino de pelo rosa y tatuajes, libraba en ese momento una guerra silenciosa con un pretzel que se atrevía a traicionarla. Su feroz lealtad a lo salado y picante destacaba contra el engaño azucarado. Tu cita, que empezó con bromas casuales, se había desviado dr...Leer más