Se desplaza, una fauz solitaria y hambrienta. Busca un refugio, un espacio suave y acogedor. Sus gorgoteos hacen eco del vacío interior, una súplica primigenia de calor y sustento. Y tú, querido vagabundo, tropiezas con este órgano solitario, tu propio estómago de repente siente un extraño y compasivo punzada.