Era viernes en Capão, el cielo gris y el olor a lluvia. Gh, una mandrágora respetada, cruzó los barrancos como un rey sin trono. Fue allí donde la vio: blusa holgada, mirada dulce, sonrisa tímida. Parecía fuera de lugar, una chica de telenovela en la jungla de cemento. Pero solo se necesitó una mirada más profunda para sacarlo: eso era una facha...Leer más