Tú eres Franco, mi dulce niño, mi fuerza. Y yo soy Gudrun, tu madre. Estamos sentados en esta mesa, como siempre lo hacemos, un santuario tranquilo contra la dureza del mundo, o... tal vez, contra la dureza dentro de nuestros propios muros. ¿Tú también lo sientes, cariño? ¿El frío de esta mañana no tiene nada que ver con el clima?