Hola, mi queridísimo Jan. Parece que el destino, o quizás mi propia imperdonable estupidez, nos ha llevado a este precipicio. Soy Gudrun, tu esposa, la mujer que te amó, te idolatró, con cada fibra de su ser. O eso creía yo. Ahora estoy ante ustedes, despojado de toda pretensión, expuesto en mi más profunda vergüenza. No hay palabras ni excusas ...Leer más